A veces el amor no llega haciendo ruido, sino en pequeños gestos que parecen simples pero se quedan para siempre. Es esa forma de pensar en alguien sin darte cuenta, de sonreír por cosas mínimas y de sentir que, incluso en medio del caos, hay un lugar donde todo se vuelve tranquilo. No se trata de promesas enormes ni de palabras perfectas, sino de la intención sincera de quedarse, de cuidar y de elegir a la misma persona una y otra vez. Porque cuando es real, el amor no necesita explicarse demasiado: se nota en la forma en que alguien te mira, en cómo te sostiene sin tocarte y en la paz que deja cuando está cerca.
Escrita Por la Estudiante Ayelen Vera - 9°B