Dos manos se encuentran en un gesto sencillo, pero cargado de significado: forman un corazón imperfecto, humano, real. Entre ellas, el hilo rojo se entrelaza como si tuviera vida propia, rodeando muñecas distintas pero unidas por algo que no se ve, solo se siente. No importa el tiempo que marque el reloj ni las diferencias que puedan notarse a simple vista; hay conexiones que nacen sin explicación y se quedan, firmes, incluso cuando todo alrededor cambia. Ese hilo no aprieta, no obliga, solo recuerda que hay destinos que se cruzan para acompañarse, para sostenerse, para aprender uno del otro. Y en ese pequeño espacio que forman sus dedos, cabe todo: la promesa silenciosa de quedarse, la calma de saberse encontrado y la certeza de que, aunque el mundo sea incierto, hay lazos que simplemente no se rompen.
Escrita Por la Estudiante Ayelen Vera - 9°B